...Regreso a la ciudad, apenas llego te cito, no podré aguantar mas sin disculparme contigo.
Nos vemos en un lugar que me trae viejos recuerdos, te lo digo sin más ni mas. No sabía como reaccionarias: enojo, tristeza, ira, indiferencia… Solo discutimos, aceptamos nuestros errores, te pedí el perdón por el que he estado sin dormir este tiempo. Y conseguí tu perdón, pero no el mío. Nos perdi en el mismo tiro, admitiste amarme a pesar de esto, yo jure amarte aun, pero no fue suficiente para seguir siendo nosotros. Te alejaste, me aleje, no voltee hacia atrás. Las lágrimas hacen mi vista borrosa, a ti te escucho llorar mas no te veo.
Salgo de una vinatería con un par de botellas de Smirnoff en las manos. Llego a la soledad de mi departamento y abro la llaga al percibir tu perfume en mi sala. Tiro mis cosas en el love que tantas veces fue morada de nuestra pasión y ternura. Abro la primer botella, me preparo un trago tras otro. Pongo un disco que hice para ti a todo volumen sin importarme la opinión de los vecinos. Más y más alcohol, casi termino con esta botella. Grito tu nombre desesperadamente y se pierde entre la letra de La Dosis Perfecta de Panteón Rococo.
“…esa forma tan tuya de hacer el amor y estallar al llegar
no, no puedo aceptar que hoy te vayas
que me debes un cuarto de mil batallas….
…Hoy mi cuerpo necesita de ti y saber
que la dosis perfecta esta en tus caderas
en tus besos, tu sonrisa,
tu cabello y ese cuerpo que me eriza
Hoy mi alma sabe que estas bien
pero tu dime, tu dime quien
estar para aliviar mi dolor
si ya no estas tu...”
La segunda tapa cae, bebo directamente de la botella, lloro tu nombre, grito la canción. Mi garganta se quema por esto, colapsa finalmente y escupo sangre, intento hablar y no puedo. Queda aun un cuarto de la botella, me lo tomo de golpe, duele, todo se vuelve difuso y pierdo el equilibrio, termino a un lado de la mesa de centro. El dolor físico y emocional hacen que me quede dormido en un instante.
Despierto a medio día, intento hablar pero es inútil, perdí la voz, duele. El estero ya no suena, esta apagado y los interruptores no funcionan. Supongo que algún vecino se arto del ruido y bajo el switch en la madrugada. Salgo de la casa para ver, efectivamente el switch esta abajo y me robaron los fusibles para variar, de reojo veo el coche, quiero salir de aquí.
Tomo un baño rápido y mientras saco la ropa la veo en un rincón del ropero, negra como la muerte y como el pensamiento que me invadió al verla. Me ato las agujetas y la meto a una mochila que permanecerá bajo el asiento del copiloto. Entro el auto, escondo la mochila y lo enciendo. Salgo hacia un bosque en las afueras de la cuidad, rumbo a Madin.
Un paraje que en su tiempo vio tantos momentos felices entre nosotros, el día de hoy ve a un hombre deshecho llegar hasta el, un hombre seco de lagrimas, de andar lento y pausado, sin voz, un hombre que murió hace poco pero sigue caminando. Encuentro la piedra donde nos tomamos una foto, creo que no hay lugar mejor para lo que pienso hacer.
La escalo, me siento y recuerdo, son tantas cosas. Saco la carga tan preciada: un revolver de seis tiros calibre 45 de la época de la revolución, una herencia familiar que recibí de mi abuelo; su padre fue un teniente bajo las órdenes de Álvaro Obregón, y este revolver es parte de su legado familiar.
Respiro hondo, vuelvo a llorar, sigue doliendo. Cargo el arma y emite un sonido metálico muy desalentador. La dirijo a mi boca, siento el frío metal en el paladar, y jalo el gatillo sin titubear...
Esta es la segunda parte que prometi la semana pasada, sorry por la tardanza, el proximo capitulo lo subire algun dia (espero).
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