martes, 14 de julio de 2009

Calma (Durmiendo con mi ex)

Anoche, por cortesía del Vive Latino 2009, compartí cama con mi ex. Por ahora resido en Atizapán y ella vino de visita de Cuernavaca, donde se fue a vivir hace un año. Viajamos juntos en mi coche, reímos, saltamos y recordamos frente al escenario verde y acabamos en uno de esos hotelazos asépticos a las afueras del foro sol. Habitación doble, pidió ella.

Dormimos juntos, como en tantas otras ocasiones (hace apenas unos años...), pero esta vez sólo como amigos. Muy buenos amigos, por cierto. Pero nada más. Por eso aquella se convirtió en la noche más rara de mi vida.

Mi ex se durmió apenas toco la almohada. Yo no fui capaz: Me quedé mirándola, atado de manos ( pies, lengua, boca, dientes) y alma, sabiendo que por primera vez en nuestra vida no habría caricias, ni besos, ni sexo improvisado, ni sentimientos más allá de la distancia de dos simples amigos con derecho a dormir juntos y nada más.

Ella se había acostado semidesnuda (con un lindo conjunto discreto, pero sexy), y yo también (bóxers de lycra, que mas que ayudarme hacen que recuerde porque debo ir al gimnasio). Pero sin lujuria. Sin mirar más allá de lo que marca la compostura por el respeto que merece querer conservar una amistad por encima de todo lo demás. Amistad y confianza profunda, sin pudor a demostrar unos cuerpos que, tiempo atrás, conseguimos aprendernos de memoria (cada poro, cada manchita, cada lunar y cada hematoma nuevo que nuestros dientes provocaban). Sin embargo no pude evitar recordar todas esas otras noches de abrazos a punto de asfixia, acariciándolo y besándolo todo. Noches cuyos límites sólo los marcaba la imaginación de nuestras manos, o de su boca y mi lengua. Poco más de año y medio lleno de noches en la típica vida de una pareja joven pero consolidada y con planes de futuro (el anillo de la mano con que me despeina, ese de plata con forma de hiedra, fue mi versión de anillo de pre-compromiso). Pero en ese tiempo había sentimientos distintos, aunque ella ahora siguiera siendo la misma y yo también. Somos los mismos solo que el contexto es otro. Tan apetecible sexualmente el uno para el otro pero sin el amor que caracteriza una relación duradera de pareja: Los mismos por fuera, pero distintos por dentro.

Quienes me conozcan saben que creo en el sexo sin amor. Pero en este caso, no, no después de haberla amado, no mientras su “niño” y mi “nena” duermen solos en sus respectivos hogares, deseando tener nuestro calor junto a ellos.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola niño, linda entrada pero...qu no fuiste tu quien me dijo que el sexo con amor es mas rico???

De cualqiuier forma, yo aun no se de eso, jeje, nos estamos escribiendo

Anónimo dijo...

TT llorare por tu culpa... maldito quien te dio permiso de escribir mi historia ¡¡¡ TT... te quiero ex ccachero XD bye y bienvenido al primer dia del resto de tu vida

att: tessa teresa XD