domingo, 5 de julio de 2009

Acepto


Y vuelve la burra al trigo con esto de los sueños, de mis sueños … ¿Saben?, me dan ideas muy buenas para historias, la siguiente inspirada en mi sueño del viernes en la madrugada:


Bodas, muchas bodas, y por fortuna ninguna es mía. Digo, es bueno para el negocio, pero desgastante para el chofer del coche de la pareja, un Citroën 11B del cincuenta y cinco. Ahora no hay semana que no use el coche para llevar parejas por toda la Italia mediterránea en tours solo para ellos, estrenando su vida de “hasta que la muerte nos separe”. Parejas que, durante el camino, permanecen en silencio, con cara de gente seria y…aburrida. Cada uno pegado a su respectiva ventanilla, alejado del otro, sin tocarse o bien, girando el nuevo anillo de oro en el dedo anular de la mano derecha. Intento amenizar el ambiente con un par de discos de sabina que me he dejado en la guantera. Parejas que, tras el enlace y estos días que les ha pagado el suegro como viaje de bodas, ya han dejado de gastarse bromas, de seducirse o de ganarse al otro. Porque ya se han ganado mutuamente ante los ojos de un Dios cuyo color combina con el vestido de ella.

...y cada vez peor
y cada vez mas rotos
y cada vez mas tu
y cada vez mas yo
sin rastro de nosotros
...

Mejor apago el radio.

Atrás quedó el engorro de la lista de boda con 400 invitados (¿Conocemos a tanta gente?), del más de medio millón que costo todo (¡Benditos padrinos caray!), de lo que estimaban sacar con los sobres que los invitados iban pegando a sus ropas (¿sabes que mi tío Germán nos metió cinco de los grandes?), del problema con aquel fotógrafo que había que contratar sí o sí a través del Padre (y las flores, también) o del desperdicio que fueron aquellos cursos prematrimoniales. Ninguno de los dos había comulgado antes, al menos, desde su primera comunión (él la recuerda muy bien; le regalaron una bici que fue la envidia de la colonia), pero casarse por lo civil resultaba tan... frío que no se lo pensaron ni por un momento.

Ahora que ya pasó todo, mientras viajan en este coche alquilado, de camino a su nueva casa, en silencio, mi retrovisor escucha los pensamientos de ella:

- En un año, cuando acabemos de pagar el coche, encargamos el primer hijo. Y en tres, como mucho, el segundo. Más tarde no, que no recuperaria la figura y...

¿Creeran que a todo esto, en conjunto, lo llaman amor?

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