Morimos juntos, moriste junto a mí. Esta noche, nuestros cuerpos fríos e inertes permanecerán abrazados en la penumbra de mi habitación, resultado de un voluntario destierro de esta vida. Carne, carne tierna, perfumada, ensangrentada a la espera de ser devorada por gusanos, tu carne, mi carne.
Hoy la dama negra recoge a dos nuevos invitados, a nosotros dos, victimas de la pasión, la locura y el temor a la vida. Que en medio de nuestras caricias surgió la idea de tus labios. Dejemos este mundo, dijiste, dejemos este mundo repetí y reímos, como dos locos, como dos niños, saque de un cajon una navaja y seguimos riendo
Con un abrazo me imposibilitaste, respire de tu perfume y titubee, muy tarde. Ágilmente habías echo los cortes en mis muñecas, solo sentí el frío metal cortando mi indefensa piel, y ahogue un grito de dolor en mi garganta. Me diste la navaja y tus brazos, la tome, y con la habilidad de un artesano, corte justo sobre las venas a lo largo del brazo, acelerando de esta forma tu deceso.
En un estado de éxtasis y ansiedad lleve a mi boca tu muñeca y bebí de tu sangre, tan dulce como el licor que solo encontré en tus labios. Mismos a los que tus manos empapadas en sangre me llevaron. Compartimos ese dulce licor rojo en aquel último beso, prolongado, apasionado, sangriento. Tu vida termino en mis manos mientras te abrasaba, te besaba y acariciaba, moriste unos minutos antes que yo, fruto de mis acertados cortes, y así me permitiste reflexionar, en lo que habíamos hecho.
Tendido boca arriba, en el frío y húmedo suelo, con tu cadáver aun caliente presionando mi cuerpo, me di cuenta de una cosa. Nos amábamos realmente, pero no era un amor común, no. Y solo lo resumiré en que éramos dos locos enamorados. Dos locos dispuestos a recibir cualquier daño del otro solo por el amor que hacia el profesamos.
Mi mirada comenzó a turbarse, mire el suelo y note que la humedad era producto de nuestras sangres mezcladas, rojo carmín de la misma tonalidad brotando de las muñecas de ambos. Te bese, o mejor dicho, bese a tu cuerpo inerte en una mejilla, dejando una roja estela de mis labios en ella. Ahora, pronuncio el último “Te amo” mientras te abrazo y mis ojos se pierden en la nublada infinidad de la muerte, de la muerte mutua.
Y esa noche, solo quedaron dos cuerpos abrazados en el suelo de aquella habitación, dos personas que en vida se amaron de una forma tan mortal q evitando hacerse daño, se suicidaron juntos.
Hoy comparto esta historia que hice hace algunos días, que lo acepto, esta muy rara. Y lo aclaro desde ahorita: No soy emo.
Producto quizá de un momento de inspiración auto destructiva, que llego después de un pequeño juego, algo doloroso q juego solo para liberar tensión, jeje, se los dejo de tarea.
miércoles, 2 de abril de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario