jueves, 11 de junio de 2009

Yuri, te presento a Ian

¿Sabén?, desde hace muchas silabas quiero hacer de mi el personaje de alguna de mis historias. Hoy me cumplire mi capricho.


Cuando todo el mundo está loco, estar cuerdo es una locura
Me desperté con un fuerte dolor de cabeza (provocado, pense, por el golpazo que me había dado contra mi estupida lampara colgante al acostarme).

Soy algo paranoico con eso de los dolores repentinos (¿y si es un derrame?, ¿o una embolia?, ¿o un derrame embolico?) así que, sin pensármelo dos veces decidí acudir a La Raza para que me hicieran un estudio y salir de dudas. Así que me vestí rápido, bajé al estacionamiento y me subi al coche del lado del conductor, lo extraño comienza aqui, pues apareci en el asiento trasero de mi Monza.

Cuando quize agarrar el volante y pisar el acelerador, solo tome el respaldo del asiento y pise una botella de refresco que habia dejado ahi en el dia. Sin embargo yo prendi el auto y mire por el retrovisor. ahogue un grito mientras saltaba al otro asiento.

El conductor, osea, yo, osea, él, al verme, también se quedó pálido (los ojos como faros halógenados y la boca abierta, como media luna)

- ¡Pero si soy yo! - me dije al connductor.
- ¡Pero si soy yo! - me dije al tipo de atras.
- ¿Me puedo llevar, por favor, al hospital de La raza? - me pregunté desde el asiento de atrás.
- Eh... ¡claro! - me dije arrancando el coche - pero te voy a cobrar, no te puedes subir asi por asi a mi coche.

Lo que siguió fue la conversación más rara que he mantenido nunca en cualquier automotor. Hablaba, me veía y me escuchaba a la vez.


-No jodas, es mi carro
-Compruebamelo
-Saca la tarjeta de circulación, dice Macías López Yuri Ian. ¿No?

Entonces salte un tope por distraerme conmigo, y me di otro golpe al saltar al techo.

- ¿Y te duele mucho la cabeza? - me pregunté (por desviar el tema del coche).

- Tú sabrás. Menudo trancazo te diste en la noche con la lamparita he... - me dije, con tono despectivo.

Al llegar el chofer, o yo, me dije/dijo que si quería que me esperara para saber qué tal había ido la prueba.

- Si quieres te llamo por teléfono y te cuento - me dije.

- Si me llamas por teléfono te sonara ocupado; tenemos el mismo número, torpe... - me dije el conductor. - Mejor te espero aquí, y cuando salgas te llevo a casa.

- ¿Y mi dinero?


- ¿Te dejo mi espejo como aval o te fias de mi?

- No mames...

En el hospital, un médico a la Gregory House (pero en mestizo y ojos cafés), me hizo el correspondiente escaner. No tenía nada (todo estaba normal, en su sitio...relativamente, almenos en la normalidad a la que pertenesco), pero por si acaso me dio una pastilla que me hizo efecto en seguida.

El dolor de cabeza desapareció antes de terminarme el agua. Salí del hospital feliz, corriendo a contarle a mi otro yo que no tenía una embolia, ni un derrame, ni nada, pero mi/su coche ya no estaba. Mi otro yo se había esfumado.

Ahora estoy confuso. No sé qué hacer para encontrar mi auto. No sé dónde se habrá podido meter mi otro yo: Mi yo, yo.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Yuri, si llegan unos chicos de blanco a tu casa....no fui yo!!!

jaja, chidito post chaval, cuidate we

Anónimo dijo...

Estas loco yuri, juju,
por eso me gustas,
y si nos vamos juntitos al manicomnio?

MmSkrtt dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.