sábado 18 de julio de 2009

Puta (Y te quiro, y te odio)

¡Vale madre! ¿Qué? Que después de tanto tiempo siga pensando en ti y en tu puto pelo quebrado, en tu puta piel de seda oriental, en tu puta risa y en tus putos gemidos. Parece que fuera ayer esa vez que nos conocimos en el curso extracurricular de Italiano, ese de 2 a 4 clase, 4 a 4:30 hora de la comida, 4:30 de la estación del metro a 4:50 al sofá de tu casa, del sofá de tu casa a tu puta cama y de tu puta cama directos al corazón, donde más se goza y más se duele y más se vive y más se enferma. Como diría el maestro Lizalde:

Y nada de que el sexo
sólo con amor es sexo.
El sexo es siempre amor,
nunca el amor es sexo.
El amor no es amor,
el sexo es el amor.
No hay sexo sin amor
pero hay amor sin sexo, y no lo es.
Todo amor sin sexo es corruptible.
-:-Eduardo Lizalde-:-


Sólo tú me enseñaste a ser frío por dentro y caliente por fuera, cual postrecito de Sanborns . Tú me enseñaste que se puede coger con lágrimas en los ojos, que se puede abrazar de puro odio o desear no haberte conocido pero no poder vivir sin ti. Me enseñaste que los tangas se pueden comer y los besos se pueden beber y la sangre se puede coagular de tanto usarla. Que se puede decir “perdón” cada que una situación vana lo amerita.

Y pusiste la marca tan alta que ahora todas las demás mujeres me aburren, me enseñan los pechos y bostezo; intentan quererme y me arto. Por ti ahora soy solitario y medroso. Por ti ahora veo pezones hasta en las teclas de mi Nokia 5610.

Después de todo este tiempo sigo acelerándome cada vez que veo cualquier castaña de pelo quebrado con tus medidas, de espaldas. Y nunca tengo el valor para buscar su cara. Soy un estudiante misógino de filantropía metido entre 5871 habitantes por Km2. Demasiadas castañas quebradas por la calle y demasiados recuerdos. Demasiado valor saqué de no sé dónde al dejarte. Demasiados botecitos de corrector liquido Bic gastados en borrar tu recuerdo. Pero se notan las correcciones. Y el corrector Bic, te pone. Y ahora soy un adicto por culpa del puto corrector Bic, o por tu puta culpa, o lo que sea.

martes 14 de julio de 2009

Calma (Durmiendo con mi ex)

Anoche, por cortesía del Vive Latino 2009, compartí cama con mi ex. Por ahora resido en Atizapán y ella vino de visita de Cuernavaca, donde se fue a vivir hace un año. Viajamos juntos en mi coche, reímos, saltamos y recordamos frente al escenario verde y acabamos en uno de esos hotelazos asépticos a las afueras del foro sol. Habitación doble, pidió ella.

Dormimos juntos, como en tantas otras ocasiones (hace apenas unos años...), pero esta vez sólo como amigos. Muy buenos amigos, por cierto. Pero nada más. Por eso aquella se convirtió en la noche más rara de mi vida.

Mi ex se durmió apenas toco la almohada. Yo no fui capaz: Me quedé mirándola, atado de manos ( pies, lengua, boca, dientes) y alma, sabiendo que por primera vez en nuestra vida no habría caricias, ni besos, ni sexo improvisado, ni sentimientos más allá de la distancia de dos simples amigos con derecho a dormir juntos y nada más.

Ella se había acostado semidesnuda (con un lindo conjunto discreto, pero sexy), y yo también (bóxers de lycra, que mas que ayudarme hacen que recuerde porque debo ir al gimnasio). Pero sin lujuria. Sin mirar más allá de lo que marca la compostura por el respeto que merece querer conservar una amistad por encima de todo lo demás. Amistad y confianza profunda, sin pudor a demostrar unos cuerpos que, tiempo atrás, conseguimos aprendernos de memoria (cada poro, cada manchita, cada lunar y cada hematoma nuevo que nuestros dientes provocaban). Sin embargo no pude evitar recordar todas esas otras noches de abrazos a punto de asfixia, acariciándolo y besándolo todo. Noches cuyos límites sólo los marcaba la imaginación de nuestras manos, o de su boca y mi lengua. Poco más de año y medio lleno de noches en la típica vida de una pareja joven pero consolidada y con planes de futuro (el anillo de la mano con que me despeina, ese de plata con forma de hiedra, fue mi versión de anillo de pre-compromiso). Pero en ese tiempo había sentimientos distintos, aunque ella ahora siguiera siendo la misma y yo también. Somos los mismos solo que el contexto es otro. Tan apetecible sexualmente el uno para el otro pero sin el amor que caracteriza una relación duradera de pareja: Los mismos por fuera, pero distintos por dentro.

Quienes me conozcan saben que creo en el sexo sin amor. Pero en este caso, no, no después de haberla amado, no mientras su “niño” y mi “nena” duermen solos en sus respectivos hogares, deseando tener nuestro calor junto a ellos.

domingo 5 de julio de 2009

Acepto


Y vuelve la burra al trigo con esto de los sueños, de mis sueños … ¿Saben?, me dan ideas muy buenas para historias, la siguiente inspirada en mi sueño del viernes en la madrugada:


Bodas, muchas bodas, y por fortuna ninguna es mía. Digo, es bueno para el negocio, pero desgastante para el chofer del coche de la pareja, un Citroën 11B del cincuenta y cinco. Ahora no hay semana que no use el coche para llevar parejas por toda la Italia mediterránea en tours solo para ellos, estrenando su vida de “hasta que la muerte nos separe”. Parejas que, durante el camino, permanecen en silencio, con cara de gente seria y…aburrida. Cada uno pegado a su respectiva ventanilla, alejado del otro, sin tocarse o bien, girando el nuevo anillo de oro en el dedo anular de la mano derecha. Intento amenizar el ambiente con un par de discos de sabina que me he dejado en la guantera. Parejas que, tras el enlace y estos días que les ha pagado el suegro como viaje de bodas, ya han dejado de gastarse bromas, de seducirse o de ganarse al otro. Porque ya se han ganado mutuamente ante los ojos de un Dios cuyo color combina con el vestido de ella.

...y cada vez peor
y cada vez mas rotos
y cada vez mas tu
y cada vez mas yo
sin rastro de nosotros
...

Mejor apago el radio.

Atrás quedó el engorro de la lista de boda con 400 invitados (¿Conocemos a tanta gente?), del más de medio millón que costo todo (¡Benditos padrinos caray!), de lo que estimaban sacar con los sobres que los invitados iban pegando a sus ropas (¿sabes que mi tío Germán nos metió cinco de los grandes?), del problema con aquel fotógrafo que había que contratar sí o sí a través del Padre (y las flores, también) o del desperdicio que fueron aquellos cursos prematrimoniales. Ninguno de los dos había comulgado antes, al menos, desde su primera comunión (él la recuerda muy bien; le regalaron una bici que fue la envidia de la colonia), pero casarse por lo civil resultaba tan... frío que no se lo pensaron ni por un momento.

Ahora que ya pasó todo, mientras viajan en este coche alquilado, de camino a su nueva casa, en silencio, mi retrovisor escucha los pensamientos de ella:

- En un año, cuando acabemos de pagar el coche, encargamos el primer hijo. Y en tres, como mucho, el segundo. Más tarde no, que no recuperaria la figura y...

¿Creeran que a todo esto, en conjunto, lo llaman amor?

miércoles 1 de julio de 2009

Dime Vaquero!!!

Jajaja, sin palabras. Fernando grax por la contribución hermano. Las historias de Siguiendo la luna, Es tiempo y...no recuerdo cuales más, ya veran su dia, sean pacientes.

domingo 28 de junio de 2009

Tercia de sueños

Normalmente cuando escribo una historia, poema o cuento, viene acompañado por una semana de inspiración inmediata y por lo que sea. La semana que termina fue sobre sueños, y particuñarmente el jueves por la tarde, tuve un par de sueños que...bueno.

Me acoste a escuchar musica, y el sueño me gano, a continuación lo escrito en relación a ellos:

Una serie de tres sueños. Ninguno en particular hermoso, ninguno en particular terrible. Los tres, sin lugar a dudas, extraños. Al menos, eso creo. ¿Es normal tener tres sueños al hilo, cada uno protagonizado por alguna ex novia? Extraño, según yo, demasiado inusual. Intento desenredar esa maraña de imágenes que me bombardea, que me confunde realmente. Imposible. Ni siquiera sé si pasó o no, es más, en estas condiciones, incluso podría creer que ellas nunca existieron. Confusión. El caos, lenta y excesivamente, se hace notar. A continuación, la meta vivencia:

Irrealidad no. 1.1
Me encuentro viendo la película que ya dejé de ver, porque, obviamente, estoy dormido. “Amelie”, película de arte, no se de que año. Estoy acostado con la ex novia no. 4, a la que llamaremos D por cuestiones de practicidad. Esta película la compramos entre los dos y, en el juicio de divorcio, me tocó la custodia absoluta. Nunca la pudimos ver completa. Lo intentamos tres veces: en la primera, me quedé dormido y ella mejor se puso a hacerme piojito; en la segunda… mmm, me conocen, estábamos solos y ya se lo pueden imaginar; en la tercera (que fue seguida de la segunda), el agotamiento nos ganó y nos quedamos dormidos. Pero, mejor, regresemos al sueño. D me empieza a besar, había olvidado, por completo, esa imagen, ese aroma, esa sensación, esos labios. No me molesta. Supongo que, hasta en el mundo real, se me escapa alguna sonrisita. La miro. Sus ojos me parecen demasiado familiares, como si nunca hubiera dejado de verlos. Es un momento siniestro pero hermoso; incómodo pero tranquilizante. De pronto, ella se sienta entre mis piernas (abiertas y con las rodillas flexionadas), como solía hacerlo cuando íbamos a platicar “en serio”. Me cuenta lo mucho que sufrió, lo mucho que la lastimé. Inmuto, sin tener palabras para contestarle. D sonríe, nada más, regalándome, quizá, algo de serenidad, o qué sé yo… Lo que sigue es demasiado borroso como para poder reproducirlo.

Irrealidad no. 1.2
Estoy sentado en la entrada de la casa de la ex novia no. 1, a la que llamaremos W, no más, porque se me antoja. Sin embargo, no es su casa. Aún así, desde un principio sé que estoy ahí —excepcional ese mundo etéreo en el cual uno puede ser omnisciente, por más pendejo que sea en la realidad—. Subo al auto, un “Super Bee”, no recuerdo el año. Al dar los movimientos en reversa para salir, choco con el coche de su padre: un “Corvette ’91” rojo, precioso. No pasa a mayores. El señor se baja y me dice que no hay necesidad de llamar al seguro, que no me preocupe. No sé por qué me quedo ahí, como esperando algo. Extraño. W aparece de vez en vez no más para verme y hacer alguna expresión de lo detestable que le parece que yo esté ahí. Sigo esperando, sigo sin saber por qué. Su madre, a la que llamaremos V por comodidad, se acerca y empieza a platicar conmigo. Me lleva comida y me dice que qué bueno que no me he ido, que así puedo comer con ella. V se sienta a mi lado y comienza a llorar. Yo busco la mirada de W, que está a unos cuantos pasos de nosotros… que sigue asqueada por mi presencia. Su mirara me arta. Me causa repulsión estar ahí, sin más, recibiendo tan terrible escarmiento. El sueño se interrumpe de golpe

Irrealidad no. 1.3
Aparezco en la entrada de la que en el sueño anterior era la casa de la ex novia no. 1, pero ahora es la puerta de la casa de mi tío (que no lo es, sin embargo, está en el mismo lugar en el que se encuentra en la realidad). Se acerca caminando la ex novia no. 3, a la que llamaremos M —ella sabría por qué, que es la misma razón por la cual hemos llamado a la 1 “W” y a la 4 “D”—. “¿Ya estás listo?”, me pregunta. Yo, que ya tengo algo de consciencia por los dos sueños anteriores, ya no sé ni qué esperar. Probablemente, ella me reventará a madrazos, pienso, mientras le respondo algunas palabras que no puedo recordar. Me dice que habíamos quedado que veríamos una serie en lo que era su casa —que, de hecho, está a unas cuantas cuadras de la casa de mi tío—. M lleva un vestido de lentejuelas y sus labios, pintados de carmín, se ven como nunca. A ella sí no la reconozco, a pesar de que ha sido la chica mas parecida a mi con la que he salido. Pero comienza a reír y todo vuelve a tener sentido: sí es ella, sin duda. Caminamos por la calle y reímos. Cantamos. Parecemos un par de niñitos contentos. Cuando vamos a entrar a su casa, me tira en el sillon, y…


… El teléfono suena. La voz mecánica del teléfono me despierta. Una llamada inútil me regresa a la realidad. Hago el intento de volver a los sueños. Ni uno ni otro ni el otro. Nada. Me levanto. Camino hacia mi escritorio, buscando algo. Libreta y pluma en mano (con un lápiz y una servilleta seria igual) comienzo a escribir: Una serie de tres sueños. Ninguno en particular hermoso; ninguno en particular terrible…

Esto lo escribí y viví desde el jueves, aunque por una salida rápida del hospital y un sábado de vive latino no pude capturar y publicar. Sueños extraños, ¿No?